Serie «Quiero amar bien, pero…”
Día 3 – Quiero seguir, pero… me quedé atrapado en lo que pasó
Por Pastor Daniel Praniuk
Introducción
Seguir adelante no siempre es falta de deseo, muchas veces es falta de cierre. Hay personas que quieren amar bien, abrirse de nuevo y avanzar, pero algo las mantiene ancladas al pasado: una relación que no funcionó, una pérdida que no fue llorada, una historia que terminó sin explicación.
La historia de Rut comienza precisamente en un escenario de pérdida. Ella no decide desde la ilusión, sino desde el duelo. Rut no huye del dolor; lo atraviesa con propósito. “No me ruegues que te deje… porque a dondequiera que tú fueres, iré yo” (Rut 1:16–17). Este pasaje nos enseña que no se puede construir un amor sano ignorando lo que se rompió. Amar bien implica aprender a despedirse de lo que fue, para caminar con libertad hacia lo que Dios aún puede hacer.
Punto 1: El duelo que no se nombra, se queda gobernando
Versículo relacionado: “Hay tiempo de llorar, y tiempo de reír.” (Eclesiastés 3:4)
Rut pierde a su esposo, su estabilidad y su futuro inmediato. El texto no romantiza su dolor; lo reconoce. El duelo necesita ser nombrado para no convertirse en una prisión silenciosa. Cuando evitamos llorar lo que perdimos, ese dolor no desaparece: se transforma en apego, miedo o resistencia al amor.
Dios no nos apura a “superar” el pasado, pero sí nos invita a atravesarlo con honestidad. Nombrar la pérdida es el primer acto de sanidad emocional.
Punto 2: Seguir no es negar lo que pasó, es decidir no vivir allí
Versículo relacionado: “Olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante.” (Filipenses 3:13)
Rut no niega su historia, pero tampoco se queda atrapada en ella. Decide caminar hacia lo desconocido con Noemí, aunque el futuro no es claro. Seguir no significa borrar recuerdos, sino cambiar de dirección.
Muchas personas quieren amar de nuevo, pero siguen esperando que el pasado se repare como ellos imaginaron. Seguir implica aceptar que algunas cosas no volverán a ser como antes, y aun así elegir caminar.
Punto 3: Soltar la fantasía es parte del duelo sano
Versículo relacionado: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas.” (Jeremías 17:9)
Una de las partes más difíciles del duelo es soltar la fantasía: “si hubiera sido diferente”, “si la persona hubiera cambiado”, “si yo hubiera hecho algo más”. Rut no persigue una fantasía romántica; elige una realidad difícil, pero verdadera.
El duelo con propósito nos enseña a despedir no solo a la persona o situación, sino también la versión idealizada que nunca existió. Cuando soltamos la fantasía, el corazón queda libre para amar sin expectativas irreales.
Punto 4: Dios camina con quienes atraviesan el proceso, no con quienes lo evitan
Versículo relacionado: “Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón.” (Salmo 34:18)
Dios no abandona a Rut en su proceso. Él honra su fidelidad y, con el tiempo, restaura su historia. Esto nos recuerda que Dios no bendice la negación, sino la honestidad. Él acompaña a quienes se atreven a sentir, a llorar y a caminar aun con el corazón herido.
Si hoy te sientes detenido emocionalmente, Dios no te exige fuerza inmediata; te ofrece presencia constante.
Punto 5: Del duelo bien vivido nace una nueva capacidad de amar
Versículo relacionado: “He aquí, yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz.” (Isaías 43:19)
Rut no queda definida por su pérdida. Más adelante, Dios transforma su historia y la convierte en parte del linaje de redención. Esto revela una verdad profunda: el duelo bien trabajado no te rompe, te madura.
Cuando el corazón atraviesa el proceso con Dios, aprende a amar con más verdad, menos idealización y mayor libertad. Amar bien no es olvidar el pasado, es no vivir condicionado por él.
Conclusión
Si hoy dices: “Quiero seguir, pero me quedé atrapado en lo que pasó”, Dios no te juzga. Él te invita a caminar paso a paso, sin negar tu dolor, pero sin quedarte a vivir en él.
El duelo con propósito no te detiene; te prepara. Y en ese proceso, Dios sigue escribiendo capítulos nuevos.
No estás atrasado, estás sanando.
No estás roto, estás en proceso.
No perdiste tu oportunidad de amar, estás aprendiendo a hacerlo mejor.
Hoy toma un momento para nombrar tu pérdida delante de Dios.
Dile con sinceridad: “Señor, ayúdame a soltar lo que fue y a caminar hacia lo que Tú tienes.”
Seguir también es un acto de fe.
Oración: “Señor, conoces lo que perdí y lo que aún duele. Enséñame a atravesar este proceso contigo. Ayúdame a soltar la fantasía y abrazar tu verdad. Sana mi corazón para volver a amar sin miedo. Amén.”
Preguntas para reflexionar
- ¿Qué pérdida sigo evitando nombrar?
- ¿Qué fantasía del pasado me cuesta soltar?
- ¿Cómo ha influido ese dolor en mi forma de amar hoy?
- ¿Estoy intentando seguir sin haber sanado?
- ¿Qué paso concreto puedo dar para avanzar con Dios?
Sanar el corazón es un proceso que se vive mejor acompañado por la Palabra.
En 15minutosdiarios.com encontrarás estudios bíblicos diseñados para ayudarte a amar con madurez, sanar con verdad y caminar con esperanza, 15 minutos al día.
Dios no solo te ayuda a seguir… te enseña a hacerlo bien.