Serie: 30 Días para Vencer la Ansiedad y el Temor
Día 4 — La pesada carga del control absoluto
Estudio por Pastor Daniel Praniuk
“Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.” Proverbios 3:5-6
Introducción
¿Alguna vez has sentido que, si tú no estás pendiente de todo, algo va a salir mal? Revisas las cuentas una y otra vez, piensas constantemente en lo que podría suceder con tus hijos, observas cualquier cambio en tu salud, intentas anticipar los problemas del trabajo y analizas aquella conversación preguntándote qué quiso decir la otra persona y qué hará mañana. Sin darte cuenta, tu cuerpo puede detenerse mientras tu mente continúa trabajando.
No siempre intentamos controlar porque seamos personas dominantes. A veces lo hacemos porque tenemos miedo. Quizá sufrimos antes y no queremos volver a pasar por lo mismo. Tal vez tenemos miedo de perder a alguien o algo que amamos. O sencillamente nos cuesta vivir con la incertidumbre. El material del Día 4 identifica precisamente esa relación entre el deseo de controlar lo incontrolable, la hipervigilancia y la sobrecarga mental.
Si hoy te encuentras allí, Dios no te está condenando. Pero tampoco quiere que vivas cargando con todo el peso del mañana. Proverbios 3:5-6 nos propone otra manera de caminar: hacer responsablemente aquello que está en nuestras manos y aprender a confiarle a Dios lo que nunca estuvo bajo nuestro control.
No tienes que resolver toda tu vida hoy. Comencemos con los próximos 15 minutos.
Punto 1: No todo está bajo tu control
Versículo clave: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia.” Proverbios 3:5
Versículo relacionado: “El corazón del hombre piensa su camino; más Jehová endereza sus pasos.” Proverbios 16:9
Hay muchas cosas que sí podemos hacer. Podemos trabajar, ahorrar, organizar nuestras responsabilidades, cuidar nuestra salud, conversar con nuestros hijos, pedir perdón, buscar consejo, tomar decisiones y prepararnos responsablemente para el futuro. Nada de eso contradice la confianza en Dios. De hecho, muchas veces es precisamente la sabiduría que Dios espera que ejerzamos.
Pero también existen cosas que no podemos garantizar: cómo reaccionará otra persona, qué ocurrirá dentro de seis meses, si determinada oportunidad se abrirá, si alguien cambiará o si nuestros planes terminarán exactamente como imaginamos. El problema comienza cuando intentamos transformar nuestra responsabilidad en control absoluto.
Cuando Proverbios dice “no te apoyes en tu propia prudencia”, no está pidiéndonos que dejemos de pensar. La fe bíblica no es enemiga de la razón, la planificación ni la prudencia. El problema aparece cuando nuestro entendimiento se convierte en el único lugar donde buscamos seguridad: “Necesito comprenderlo todo antes de poder estar tranquilo. Necesito saber cómo terminará. Necesito asegurarme de que nada inesperado ocurra”.
Y eso es imposible.
Con los años de ministerio he aprendido que algunas de las personas más agotadas no son necesariamente las que tienen más problemas, sino las que sienten que deben anticiparlos todos. Están resolviendo mentalmente situaciones que todavía no existen y vigilando constantemente para impedir cualquier imprevisto.
Quizá eres padre o madre y quisieras garantizar que tus hijos nunca tomen una mala decisión. Puedes enseñarles, aconsejarlos, poner límites apropiados y acompañarlos; pero llegará un momento en que ellos deberán decidir. Tal vez cuidas mucho tu salud. Eso es responsable. Puedes alimentarte bien, hacerte controles médicos y seguir las indicaciones profesionales, pero ninguna rutina puede darte certeza absoluta sobre todo lo que ocurrirá en el futuro.
Aceptar esto puede producir incomodidad, pero también puede comenzar a liberarnos.
Puedes planificar sin pretender controlar el resultado.
Punto 2: Detrás del deseo de controlar puede haber temor
Versículo clave: “Fíate de Jehová de todo tu corazón…” Proverbios 3:5
Versículo relacionado: “En el día que temo, yo en ti confío.” Salmo 56:3
Cuando notes que necesitas revisar, anticipar, confirmar o controlar constantemente una situación, prueba hacerte una pregunta diferente: “¿Qué temo que suceda si dejo de intentar controlar esto?”
Quizá tengas miedo de perder tu trabajo. Tal vez te preocupa que uno de tus hijos se equivoque. Puede que temas enfermarte, quedarte sin dinero, fracasar, ser abandonado o volver a atravesar algo doloroso. El archivo coloca esta pregunta en el segundo punto porque muchas veces el control funciona como un intento de sentir seguridad frente a aquello que tememos.
Esto requiere mucha compasión. Una persona que sufrió una traición puede volverse hipervigilante en una nueva relación. Alguien que atravesó una crisis económica puede revisar constantemente sus cuentas incluso después de recuperar cierta estabilidad. Una experiencia médica difícil puede hacer que cualquier sensación corporal despierte inmediatamente preocupación. Comprender de dónde viene esa necesidad no significa justificar todas nuestras conductas; significa dejar de tratarnos como enemigos mientras aprendemos respuestas diferentes.
Me parece significativo que Proverbios no diga simplemente: “Deja de preocuparte”. Dice: “Fíate de Jehová de todo tu corazón”.
La respuesta bíblica al miedo no consiste en fingir que los problemas no existen. Confiar tampoco significa asegurar que nada doloroso volverá a sucedernos. La confianza cristiana no descansa en la promesa de una vida completamente predecible; descansa en el carácter de Dios en medio de una vida que muchas veces no podemos predecir.
Por eso quizá hoy no necesitas comenzar luchando contra tu necesidad de control. Tal vez necesitas mirar debajo de ella.
“Señor, tengo miedo de que mi hijo se equivoque.”
“Me cuesta soltar esto porque la última vez sufrí mucho.”
“Estoy intentando controlar mis finanzas porque tengo miedo de volver a pasar necesidad.”
Cuando identificamos el temor que está debajo, nuestra oración se vuelve más honesta. Ya no estamos tratando solamente el comportamiento visible; estamos llevando delante de Dios aquello que verdaderamente nos asusta.
A veces no necesitamos controlar más. Necesitamos aprender a confiar más profundamente en medio de lo que no podemos controlar.
Punto 3: Responsabilidad y control no son lo mismo
Versículo clave: “Los pensamientos del diligente ciertamente tienden a la abundancia…” Proverbios 21:5
Versículo relacionado: “Encomienda a Jehová tus obras, y tus pensamientos serán afirmados.” Proverbios 16:3
Esta distinción puede cambiar profundamente nuestra manera de enfrentar la ansiedad. Responsabilidad pregunta: “¿Qué puedo hacer sabiamente hoy?”. Control absoluto dice: “Necesito asegurarme de que todo salga exactamente como espero”. Esa es la diferencia central que presenta el tercer punto del estudio.
Responsabilidad puede significar hacer un presupuesto, reducir algunos gastos y buscar orientación si tus finanzas están complicadas. Control sería intentar garantizar que jamás tendrás una dificultad económica. Responsabilidad puede significar conversar con tus hijos, enseñarles principios, establecer límites y acompañarlos. Control intenta decidir cada aspecto de sus vidas. Responsabilidad significa cuidar tu salud y buscar atención cuando la necesitas. Control quiere obtener la garantía de que nunca ocurrirá nada malo.
Una de las cargas más pesadas que podemos llevar es hacernos responsables de resultados que no dependen completamente de nosotros.
Esto también ocurre en las relaciones. Puedes pedir perdón sinceramente, pero no puedes obligar a la otra persona a perdonarte inmediatamente. Puedes hablar con amor, pero no controlar cómo será recibida cada palabra. Puedes trabajar responsablemente, pero no decidir todas las circunstancias de una empresa. Puedes ayudar a alguien que amas, pero no tomar por esa persona cada decisión necesaria para cambiar.
Aquí necesitamos evitar un error. “Entregárselo a Dios” no significa desentendernos de aquello que sí nos corresponde. No podemos decir: “Estoy confiando en Dios” mientras ignoramos una deuda, evitamos una conversación necesaria o descuidamos un problema de salud que requiere atención.
La confianza madura une dos movimientos: actuar y soltar.
Hago lo que está en mis manos y después reconozco que existen resultados que no puedo fabricar.
Esta sencilla distinción puede ayudarnos mucho cuando la mente comienza a acelerarse. Pregúntate: “¿Esto que estoy haciendo es una acción responsable o un intento de conseguir certeza absoluta?”.
Si puedes hacer algo útil, hazlo. Si necesitas ayuda, pídela. Si existe una decisión pendiente, enfréntala con sabiduría. Y cuando llegues a la frontera de lo que realmente puedes hacer, no continúes castigando tu mente intentando producir control mediante más pensamientos.
Haz tu parte. No intentes hacer también la parte que nunca te correspondió.
Punto 4: Reconoce a Dios en medio de tu incertidumbre
Versículo clave: “Reconócelo en todos tus caminos…” Proverbios 3:6
Versículo relacionado: “Muéstrame, oh Jehová, tus caminos; enséñame tus sendas.” Salmo 25:4
Proverbios continúa con una expresión preciosa: “Reconócelo en todos tus caminos”. Observa esa palabra: todos. También en el camino que todavía no comprendes. En la decisión que te preocupa. En la situación familiar para la que no tienes una solución inmediata. En la espera de un resultado médico. En la incertidumbre laboral. En aquellas preguntas que todavía no tienen respuesta.
Reconocer a Dios significa incluirlo en la realidad de nuestra vida cotidiana. No solamente acudir a Él cuando ya sabemos qué queremos que haga, sino aprender a decir: “Señor, no sé qué va a suceder. Necesito sabiduría. Muéstrame qué debo hacer hoy y ayúdame a reconocer qué parte de esta situación tengo que colocar en Tus manos”.
Esa oración no elimina automáticamente la incertidumbre.
Y esto es importante para una serie sobre ansiedad. No quiero que transformemos la oración en otra herramienta para intentar controlar los resultados. A veces podemos orar y continuar sin saber. Podemos pedir dirección y tener que esperar. Podemos buscar sabiduría y descubrir que existen varias opciones legítimas entre las cuales tendremos que decidir responsablemente.
Confiar en Dios no significa que siempre recibiremos una explicación inmediata.
Significa que ya no estamos intentando caminar solos.
Como pastor, he acompañado a personas que querían saber exactamente qué ocurriría: “Pastor, dígame si este trabajo funcionará”, “¿mi hijo cambiará?”, “¿esta relación se restaurará?”, “¿el tratamiento dará resultado?”. Comprendo por qué queremos esas respuestas, pero muchas veces no las tenemos.
Lo que sí podemos hacer es caminar con Dios dentro de la incertidumbre.
Podemos pedir sabiduría. Buscar consejo. Revisar los hechos. Tomar una decisión prudente. Orar. Y después avanzar sin exigirnos conocer de antemano todo el resultado.
A veces la confianza más profunda no dice: “Sé exactamente qué va a suceder”. Dice: “No lo sé todavía, pero no necesito saberlo todo para seguir caminando con Dios.”
Punto 5: Confiar no significa que el camino será fácil
Versículo clave: “Y él enderezará tus veredas.” Proverbios 3:6
Versículo relacionado: “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.” Salmo 119:105
El pasaje termina con una promesa: “Él enderezará tus veredas”. El archivo hace aquí una precisión necesaria: esto no significa que nunca tendremos dificultades ni que todos nuestros planes terminarán exactamente como deseamos. Significa que podemos reconocer a Dios, buscar Su dirección y caminar confiando en Él mientras avanzamos.
A veces queremos que Dios nos muestre diez kilómetros del camino cuando solamente necesitamos luz suficiente para el siguiente paso.
Queremos saber cómo estaremos económicamente dentro de cinco años, qué ocurrirá con nuestros hijos, cómo terminará determinada relación, si la decisión que estamos tomando producirá exactamente los resultados que imaginamos. Pero la imagen del Salmo 119 es mucho más cercana: una lámpara a los pies.
Una lámpara no necesariamente ilumina todo el horizonte. Permite ver dónde colocar el próximo paso.
Eso puede resultar incómodo para quienes luchamos con la necesidad de control, porque quisiéramos un mapa completo. Pero gran parte de nuestra relación con Dios se desarrolla precisamente allí: entre lo que ya conocemos y aquello que todavía no podemos ver.
Tal vez estás esperando una respuesta laboral. Hoy puedes prepararte y continuar cumpliendo tus responsabilidades. Quizá estás preocupado por tu salud. Puedes asistir a tus consultas, seguir las indicaciones médicas y evitar convertir cada incertidumbre en el peor escenario. Tal vez atraviesas una situación familiar que no sabes cómo terminará. Puedes hablar con verdad, establecer límites cuando sean necesarios, amar responsablemente y reconocer que no puedes controlar las decisiones de otra persona.
No necesitas conocer cada detalle del próximo año para vivir fielmente este día.
Confiar no es conocer todo lo que sucederá. Confiar es caminar con Dios aun cuando todavía no lo sabemos.
Conclusión: Puedes soltar lo que nunca estuvo en tus manos
Tal vez has estado viviendo como si todo dependiera de ti: tu familia, el trabajo, las finanzas, la salud, el futuro. Y estás cansado.
Hoy Dios no te está pidiendo que resuelvas todo. Proverbios 3:5-6 nos invita a hacer dos preguntas muy sencillas: “¿Qué me corresponde hacer hoy?” y “¿qué estoy intentando controlar que realmente no está en mis manos?”. Lo primero requiere sabiduría y acción. Lo segundo necesita ser entregado.
Y probablemente tendrás que hacerlo más de una vez.
Confiar no siempre ocurre en un único momento dramático. Hay preocupaciones que entregamos por la mañana y recuperamos mentalmente por la tarde. Entonces volvemos a entregarlas. No porque nuestra primera oración haya fracasado, sino porque estamos aprendiendo una nueva manera de vivir.
No te castigues por tener que regresar a Dios con la misma preocupación. Regresa.
Un día a la vez. Una decisión a la vez. 15 minutos a la vez.
UNA PALABRA PARA TU CORAZÓN
No eres responsable de mantener el mundo funcionando. Hay cosas que Dios puso en tus manos y merecen tu cuidado, pero existen otras que jamás estuvieron bajo tu control. Puedes ser responsable sin vivir hipervigilante. Haz con sabiduría aquello que te corresponde y permite que esta oración acompañe el resto: “Señor, lo que yo no puedo controlar, lo pongo nuevamente en Tus manos.”
Toma una hoja y divídela en dos columnas. En la primera escribe: “Lo que puedo hacer”. En la segunda: “Lo que necesito entregar a Dios”. Después escribe la situación que más te preocupa. Quizá descubras que existe una llamada que puedes hacer, una conversación pendiente, una decisión responsable o una cita que necesitas programar. Haz tu parte. Luego mira la segunda columna y reconoce delante de Dios aquello que no puedes garantizar, cambiar ni controlar. Esta sencilla práctica conserva exactamente el ejercicio propuesto para las próximas 24 horas: distinguir responsabilidad de control.
Oración sugerida: “Señor, reconozco que muchas veces intento controlar aquello que está fuera de mis manos. Tú conoces mis temores y sabes por qué algunas cosas me cuesta tanto soltarlas. Dame sabiduría para reconocer lo que sí me corresponde hacer y valor para hacerlo. Ayúdame también a confiarte aquello que no puedo controlar. No conozco todo lo que sucederá mañana, pero quiero reconocerte en todos mis caminos y buscar Tu dirección. Hoy pongo delante de Ti mis preocupaciones, mis planes y mi futuro. Enséñame a caminar contigo un día a la vez. Amén.”
Preguntas para Reflexión :
- 1. ¿Qué situación de tu vida estás intentando controlar en este momento y cuánto espacio mental está ocupando?
- 2. ¿Qué temor podría estar escondido detrás de tu necesidad de controlar esa situación: perder algo, equivocarte, sufrir nuevamente, decepcionar a alguien o enfrentar un resultado que no deseas?
- 3. Dentro de esa situación, ¿qué parte realmente es tu responsabilidad y qué acción sabia puedes realizar hoy?
- 4. ¿Qué parte está fuera de tus manos y necesitas dejar de intentar resolver mediante preocupación, vigilancia o pensamientos repetitivos para presentársela a Dios?
- 5. Mientras todavía esperas una respuesta o dirección, ¿cómo puedes reconocer a Dios hoy sin exigir conocer de antemano cómo terminará la situación?