Serie: "Quiero amar bien, pero..." Día 2: Quiero acercarme, pero... me da miedo ser rechazado... Por Pastor Daniel Praniuk

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Día 2 – Quiero acercarme, pero… me da miedo ser rechazado

Por Pastor Daniel Praniuk

Introducción

El deseo de acercarnos a otros es profundamente humano, pero el miedo al rechazo puede paralizar incluso al corazón más sincero. Muchos quieren amar, construir vínculos y abrirse, pero una voz interior les susurra: “¿Y si no soy suficiente?”, “¿Y si me vuelven a rechazar?”

El salmista expresa una de las heridas más profundas del alma: sentirse abandonado incluso por quienes debieron amar. Sin embargo, el Salmo 27:10 “Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá” revela una verdad que sostiene al corazón temeroso: cuando otros no nos reciben, Dios sí lo hace. Este devocional es para quienes desean acercarse sin quedar expuestos al dolor una vez más, aprendiendo a hacerlo paso a paso, con seguridad y fe.

Punto 1: El miedo al rechazo nace de heridas reales

Versículo relacionado: “La esperanza que se demora es tormento del corazón.” (Proverbios 13:12)

El miedo al rechazo no aparece de la nada; suele nacer de experiencias donde el amor fue condicionado, negado o retirado. Cuando alguien fue ignorado, comparado o descartado, el corazón aprende a protegerse anticipando el dolor.

Dios no desprecia este temor. Él entiende que la herida no es imaginaria, es aprendida. Reconocerla no te hace débil; te hace honesto. La sanidad comienza cuando dejamos de juzgarnos por sentir miedo y empezamos a llevarlo delante de Dios.

Punto 2: Dios no te rechaza cuando te acercas

Versículo relacionado: “Al que a mí viene, no le echo fuera.” (Juan 6:37)

Una de las mentiras más dañinas es creer que Dios nos recibe con reservas. La Escritura afirma lo contrario: Dios no rechaza al que se acerca con sinceridad. Él no mide tu valor por tu desempeño emocional ni por tus errores pasados.

Cuando el corazón aprende primero a acercarse a Dios sin miedo, comienza a reaprender la cercanía humana. La seguridad espiritual se convierte en la base para relaciones más sanas.

Punto 3: La cercanía sana se construye en pasos pequeños

Versículo relacionado: “Mejor es el lento para la ira que el fuerte.” (Proverbios 16:32)

Aquí entra la herramienta de hoy: la exposición gradual. No se trata de lanzarte de golpe al vínculo, sino de avanzar con sabiduría. Pequeños actos de cercanía —una conversación honesta, un límite claro, una expresión medida— ayudan al corazón a comprobar que no todo acercamiento termina en rechazo.

Dios no te apura. Él honra los procesos. Amar bien implica respetar tu ritmo interno mientras permites que la confianza crezca de forma saludable.

Punto 4: El rechazo de otros no define tu valor

Versículo relacionado: “Yo te he amado con amor eterno.” (Jeremías 31:3)

El rechazo duele porque toca la identidad. Pero la Biblia nos recuerda que nuestro valor no depende de la respuesta de los demás, sino del amor constante de Dios. Aun cuando alguien no pueda o no quiera acercarse, eso no invalida quién eres.

Cuando esta verdad se afirma en el corazón, el miedo pierde poder. Ya no te acercas buscando aprobación, sino compartiendo desde una identidad firme.

Punto 5: Dios te recoge cuando otros no pueden

Versículo relacionado: “Jehová será refugio del pobre, refugio para el tiempo de angustia.” (Salmo 9:9)

El Salmo 27:10 no promete que nadie nos fallará, pero sí asegura algo más profundo: Dios siempre nos recogerá. Él se convierte en refugio cuando el rechazo toca la puerta.

Desde ese refugio seguro, el corazón puede volver a intentar amar. No desde la desesperación, sino desde la paz de saber que, pase lo que pase, no estás solo.

Conclusión

Si hoy dices: “Quiero acercarme, pero me da miedo ser rechazado”, Dios no te exige valentía forzada. Te invita a acercarte primero a Él y luego a otros, con pasos pequeños, firmes y llenos de sabiduría.

El rechazo no es el final de tu historia. Es una experiencia, no una identidad. En Dios, siempre hay un lugar donde eres recibido.

No todos sabrán amarte, pero Dios sí.
No todos podrán recibirte, pero Él siempre lo hace.
Puedes volver a acercarte sin perderte a ti mismo.

Hoy da un pequeño paso.
No necesitas exponerte por completo, solo acercarte con verdad. Dile a Dios: “Señor, enséñame a confiar sin miedo y a acercarme sin perder mi paz.”

Oración: Padre, conoces mi temor al rechazo. Sana las heridas que me hicieron cerrarme. Enséñame a acercarme con sabiduría y confianza. Recíbeme Tú, y guíame a amar sin miedo. Amén.”

Preguntas para reflexionar

  1. ¿Qué experiencias me hicieron temer al rechazo?
  2. ¿Cómo reacciono cuando siento que alguien se aleja?
  3. ¿He confundido acercarme con exponerme demasiado?
  4. ¿Qué paso pequeño puedo dar hoy hacia una relación más sana?
  5. ¿Estoy creyendo más en el rechazo humano que en la aceptación de Dios?

 

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Amar bien también se aprende… y Dios camina contigo en ese proceso.

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