Serie: 15 Minutos Diarios para Volver a Dios
Día 18 — “No entiendo lo que leo”: qué hacer cuando la Biblia parece difícil
Estudio por Pastor Daniel Praniuk
📖 Lectura Bíblica
Hechos 8:30–31
“Acudiendo Felipe, le oyó que leía al profeta Isaías, y dijo: ¿Pero entiendes lo que lees? Él dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare?”
Introducción
Muchas personas comienzan a leer la Biblia con entusiasmo y, después de algunos días, encuentran una dificultad inesperada: no entienden lo que están leyendo. Génesis puede resultar familiar al principio, pero luego aparecen genealogías, leyes, profecías, nombres difíciles, costumbres antiguas y acontecimientos históricos que parecen muy alejados de nuestra realidad. Entonces surgen preguntas: “¿Qué significa esto?”, “¿por qué Dios permitió aquello?”, “¿quiénes eran estas personas?”, “¿cómo se aplica este pasaje a mi vida?”.
La frustración puede llevarnos a una conclusión equivocada: “La Biblia no es para mí”. Incluso podemos pensar que solamente pastores, teólogos o personas con muchos años de estudio pueden comprenderla.
Hechos 8 presenta una escena profundamente alentadora. Un funcionario etíope viajaba mientras leía al profeta Isaías. Felipe se acercó y preguntó: “¿Entiendes lo que lees?”. El hombre respondió con admirable honestidad: “¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare?”. No fingió comprender ni sintió que reconocer su dificultad fuera una vergüenza. Admitió que necesitaba ayuda, y esa humildad abrió la puerta para aprender y conocer mejor a Jesús.
Esta historia nos recuerda que no comprender inmediatamente un pasaje no significa que estemos fallando espiritualmente. La Biblia fue escrita en diferentes épocas, culturas, contextos y géneros literarios. Comprenderla requiere paciencia.
Hay una enorme diferencia entre decir “no entiendo esto, así que abandono” y reconocer: “Todavía no lo entiendo, pero quiero aprender”. Nuestros 15 Minutos Diarios no son un examen académico. Son un encuentro con Dios en el que también podemos preguntar, investigar y crecer.
Punto 1: La humildad también forma parte de comprender la Biblia
Una de las enseñanzas más hermosas del funcionario etíope no está en aquello que sabía, sino en su disposición para reconocer aquello que no sabía. Cuando Felipe le preguntó si comprendía, no intentó aparentar conocimiento.
La madurez cristiana no significa tener respuestas para todo. Proverbios 1:7 enseña que el temor de Jehová es el principio de la sabiduría. La verdadera sabiduría comienza reconociendo que Dios sabe y nosotros seguimos aprendiendo.
Esta actitud nos protege de dos extremos. El primero es la arrogancia: “Ya sé lo que significa”. El segundo es la frustración: “Como no lo entiendo inmediatamente, no soy capaz”. La humildad ofrece una tercera respuesta: “Todavía no comprendo, pero puedo aprender”.
Incluso los discípulos hicieron preguntas a Jesús. Después de algunas parábolas se acercaron para pedir explicación. Jesús no los rechazó por preguntar; los enseñó.
También nosotros podemos acercarnos a la Escritura preguntando quién habla, a quién se dirige, qué estaba ocurriendo y qué significa determinada expresión. Las preguntas sinceras no necesariamente debilitan nuestra fe; muchas veces la profundizan.
Aplicación práctica: Cuando encuentres algo difícil, no continúes automáticamente fingiendo que lo entendiste. Escribe la pregunta en un cuaderno bajo un título sencillo: “Lo que todavía quiero comprender”. No tienes que resolverla inmediatamente. Reconocer aquello que desconoces también forma parte del aprendizaje.
Punto 2: El contexto puede cambiar nuestra comprensión
Uno de los errores más frecuentes al leer la Biblia consiste en tomar una frase aislada sin observar aquello que ocurre alrededor. El contexto nos ayuda a responder preguntas fundamentales: quién está hablando, a quién, por qué, qué sucedió antes y qué ocurre después.
En Hechos 8, el funcionario estaba leyendo Isaías 53. Felipe comenzó desde aquel pasaje y le anunció las buenas nuevas acerca de Jesús. La explicación no apareció desconectada del texto; surgió de comprenderlo dentro de una historia más amplia.
Pensemos en Filipenses 4:13: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. Si aislamos esas palabras, podríamos pensar que significan que Cristo nos permitirá conseguir cualquier objetivo que deseemos. Pero el contexto muestra a Pablo hablando de haber aprendido a vivir tanto en abundancia como en necesidad. Cristo le daba fortaleza para permanecer fiel en circunstancias diferentes.
El contexto no disminuye el poder de un versículo; nos ayuda a comprender correctamente dónde está su poder.
Algo parecido ocurre en nuestras conversaciones cotidianas. Si escuchamos solamente cinco palabras de una conversación extensa, podemos interpretarlas incorrectamente. La Escritura merece que escuchemos la conversación completa.
Aplicación práctica: Cuando un versículo llame tu atención, practica la regla “cinco antes y cinco después”. Lee al menos cinco versículos anteriores y cinco posteriores. Si todavía no está claro, lee el capítulo completo. Después pregunta: “¿De qué está hablando realmente este pasaje?”. Poco a poco comenzarás a leer ideas completas y no solamente frases aisladas.
Punto 3: No todos los libros de la Biblia se leen de la misma manera
La Biblia es una biblioteca compuesta por diferentes géneros literarios. Encontramos historia, poesía, sabiduría, cartas, profecía y literatura apocalíptica. Reconocer estas diferencias puede evitar mucha confusión.
Cuando leemos relatos históricos, por ejemplo, debemos recordar que describir una conducta no significa aprobarla. Algunos personajes bíblicos hicieron cosas terribles y la Escritura las relata honestamente, pero eso no significa que Dios las presente como modelos.
Los Salmos, en cambio, utilizan imágenes y metáforas. Cuando David declara que Jehová es su roca, no afirma que Dios sea literalmente una piedra; comunica estabilidad, seguridad y protección.
Proverbios presenta principios de sabiduría que describen cómo suele funcionar la vida bajo el orden de Dios, mientras las cartas del Nuevo Testamento fueron escritas a iglesias y personas que enfrentaban situaciones concretas. Por eso conviene preguntar qué problema estaba siendo tratado y qué principio continúa aplicándose a nosotros.
Libros como Daniel, algunas secciones de Ezequiel y Apocalipsis utilizan abundantes símbolos. No debemos sentir vergüenza si nos parecen difíciles. Han sido estudiados durante siglos.
Aplicación práctica: Si estás comenzando y te cuesta comprender la Biblia, puedes desarrollar confianza mediante libros más accesibles. Marcos permite conocer la vida y ministerio de Jesús; Juan profundiza en quién es Cristo; Hechos muestra el crecimiento de la Iglesia; Filipenses y Santiago ofrecen enseñanzas muy prácticas, y Salmos nos ayuda a expresar nuestras emociones delante de Dios. Comenzar con algo más accesible no significa evitar para siempre lo difícil. Estamos construyendo una relación con la Palabra para toda la vida.
Punto 4: Dios también utiliza maestros y herramientas
El funcionario etíope necesitó a Felipe. Este detalle nos recuerda que la vida cristiana no fue diseñada como una experiencia completamente aislada. Dios también utiliza pastores, maestros y recursos que pueden ayudarnos a comprender mejor Su Palabra.
Una Biblia de estudio puede explicar una costumbre antigua. Un diccionario bíblico puede aclarar un concepto. Un buen comentario puede ofrecer contexto histórico y un maestro responsable puede ayudarnos a comprender una doctrina.
Pero necesitamos conservar el orden correcto: las herramientas ayudan a comprender la Biblia; no reemplazan nuestra relación personal con ella.
Hoy existe una posibilidad que debemos vigilar. Podemos pasar horas escuchando personas hablar acerca de la Biblia sin dedicar quince minutos a leerla directamente. Podemos conocer muchas interpretaciones antes de preguntarnos qué dice realmente el texto.
Un modelo saludable consiste en leer primero, identificar aquello que comprendemos, formular nuestras preguntas, consultar recursos confiables y regresar nuevamente al pasaje. Un buen maestro no debería crear dependencia de sí mismo, sino ayudarnos a mirar con mayor claridad la Escritura y dirigirnos hacia Cristo.
Aplicación práctica: Cuando enfrentes un pasaje difícil, léelo dos veces y escribe primero aquello que sí comprendes. Después identifica tu pregunta. Consulta una Biblia de estudio, un pastor o un recurso confiable y finalmente vuelve al texto. No necesitas diez fuentes para cada devocional. A veces una explicación sencilla es suficiente para continuar aprendiendo.
Punto 5: Comprender más debe ayudarnos a vivir mejor
Existe otra trampa: concentrarnos tanto en las partes difíciles que terminamos ignorando aquello que ya comprendemos claramente.
Quizá todavía no entendemos todos los detalles proféticos de Daniel, pero comprendemos cuando Jesús nos llama a amar al prójimo. Podemos tener preguntas acerca de Apocalipsis mientras sabemos perfectamente que debemos perdonar, decir la verdad, orar, agradecer, servir y buscar primeramente el Reino de Dios.
La madurez cristiana no consiste únicamente en acumular respuestas. También implica responder a aquello que Dios ya nos ha mostrado.
El funcionario de Hechos 8 recibió explicación acerca de Jesús y después actuó. Cuando encontraron agua, preguntó qué impedía que fuera bautizado. La comprensión produjo una respuesta.
Santiago 1:22 nos llama a ser hacedores de la Palabra y no solamente oidores. Podemos adquirir mucho conocimiento bíblico y, sin embargo, crecer poco como discípulos si aquello que sabemos nunca llega a nuestra manera de vivir.
Aplicación práctica: Divide mentalmente tu aprendizaje en dos categorías: “lo que todavía estoy estudiando” y “lo que ya comprendo que debo hacer”. Puedes continuar investigando una profecía mientras decides perdonar hoy. Puedes estudiar una doctrina durante semanas mientras comienzas ahora mismo a controlar mejor tus palabras. Pregúntate siempre: “¿Estoy obedeciendo lo claro mientras continúo estudiando lo difícil?”.
Conclusión: Puedes crecer en comprensión
El funcionario etíope estaba leyendo y no entendía. Sin embargo, no cerró el rollo diciendo: “Esto es demasiado difícil para mí”. Continuó, preguntó, aceptó ayuda y aprendió. Finalmente, aquella búsqueda lo llevó hacia algo mucho más importante que una explicación académica: lo llevó a comprender mejor quién era Jesús.
Esa también puede ser nuestra experiencia. Habrá textos que comprenderemos rápidamente, otros requerirán contexto y algunos necesitarán ayuda. Probablemente tendremos preguntas que continuaremos estudiando durante años. Eso está bien.
No necesitamos dominar toda la Escritura para comenzar a disfrutarla. Pensemos en cualquier relación profunda: después de muchos años todavía descubrimos cosas nuevas acerca de una persona. La relación no pierde valor porque aún queda algo por conocer; precisamente esa profundidad nos invita a continuar.
Algo semejante ocurre con la Palabra. Hoy comprendemos una verdad y años después regresamos al mismo pasaje con nuevas experiencias y una madurez diferente. La Biblia no cambió; nosotros hemos crecido.
Por eso no temas preguntar. Pero tampoco permitas que las preguntas difíciles te distraigan de aquello que ya está claro. Mientras estudias profecía, ama a tu familia. Mientras investigas un concepto teológico, perdona. Mientras aprendes doctrina, sirve.
Nuestro propósito no es solamente decir: “Sé mucho acerca de la Biblia”. Queremos poder decir: “La Palabra me está ayudando a conocer mejor a Dios y a parecerme más a Cristo”.
Cuando vuelvas a pensar “no entiendo esto”, añade una pequeña palabra: todavía. “Todavía no lo entiendo, pero estoy dispuesto a aprender”. Esa actitud puede mantener abierta la puerta del crecimiento.
Durante los próximos siete días utiliza tus 15 Minutos Diarios para leer pasajes breves y hacer cinco preguntas sencillas: ¿quién aparece o habla?, ¿qué está ocurriendo?, ¿por qué se dice esto?, ¿qué me enseña acerca de Dios? y ¿qué voy a hacer con lo que comprendí?
No necesitas responder perfectamente. El propósito es aprender a observar. Si encuentras algo difícil, anótalo para investigarlo después y continúa trabajando con aquello que sí puedes comprender. Una pregunta pendiente no necesita arruinar todo tu encuentro con Dios.
📖 Continúa con nosotros…
Hoy descubrimos que no comprender inmediatamente un pasaje no significa que debamos abandonar. Podemos preguntar, estudiar el contexto, recibir ayuda y crecer poco a poco. Pero mientras aprendemos puede aparecer otra dificultad silenciosa: comenzar a comparar nuestra vida espiritual con la de otros creyentes.
Escuchamos a alguien decir que lee varios capítulos diarios, que ora durante una hora cada mañana o que ya ha leído toda la Biblia muchas veces, y aquello que podría inspirarnos comienza a producir presión. Dejamos de mirar nuestro propio proceso y comenzamos a preguntarnos si estamos haciendo suficiente.
En el Día 19 — “Cuando comparar mi vida espiritual con otros me desanima”, basado en Juan 21:20–22, veremos la respuesta que Jesús dio cuando Pedro desvió su atención hacia el camino de Juan: “¿Qué a ti? Sígueme tú”. Aprenderemos por qué cada discípulo atraviesa procesos diferentes y cómo proteger nuestra relación con Dios de la comparación.
Nuestros 15 Minutos Diarios no son una competencia para demostrar quién lee más, ora más o sabe más. Son un espacio para caminar personalmente con Dios. Y quizá la pregunta que necesitamos llevar al próximo estudio no sea “¿estoy haciendo tanto como los demás?”, sino una mucho más importante: “¿Estoy siguiendo fielmente a Jesús en el lugar donde Él me tiene hoy?”
Preguntas para Reflexión :
- 1. ¿He evitado alguna parte de la Biblia porque pensé que no era suficientemente inteligente o espiritual para comprenderla?
- 2. Cuando encuentro un versículo difícil, ¿observo su contexto o intento interpretarlo aisladamente?
- 3. ¿Qué libro bíblico podría estudiar durante las próximas semanas para desarrollar gradualmente mayor confianza?
- 4. ¿Utilizo maestros y herramientas para regresar a la Escritura o estoy sustituyendo mi lectura personal por contenido acerca de ella?
- 5. ¿Qué enseñanza bíblica ya comprendo claramente, pero todavía necesito llevar más seriamente a la práctica?