Serie: 30 Días para Vencer la Ansiedad y el Temor
Día 6 — Cuando la fe se siente débil — La mirada de Jesús
Estudio por Pastor Daniel Praniuk
“No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino.” Lucas 12:32
Introducción
Hay días en los que oras, lees la Biblia y sinceramente quieres confiar en Dios, pero el miedo continúa allí. El corazón sigue inquieto, los pensamientos regresan y aquello que te preocupa todavía no se ha resuelto. Entonces puede aparecer una segunda carga, quizá más dolorosa que la primera: “Si realmente tuviera fe, no me sentiría así”. Y comienzas a preguntarte si Dios estará decepcionado contigo, por qué sigues sintiendo temor después de haber orado o si tu fe será demasiado pequeña.
Lucas 12 nos permite escuchar la voz de Jesús en medio de preocupaciones profundamente humanas: qué comer, qué vestir y cómo afrontar las necesidades de la vida. Y allí pronuncia unas palabras llenas de ternura: “No temáis, manada pequeña”. Jesús no dice: “Cuando tengan una fe perfecta, regresen”. Los llama Su pequeña manada y dirige su mirada hacia el Padre.
Quizá hoy tu fe se siente pequeña. No tienes que utilizar estos 15 minutos para demostrarle a Dios que eres fuerte. Puedes acercarte exactamente cómo estás.
Punto 1: Jesús sabe que sentimos miedo
Versículo clave: “No temáis, manada pequeña…” Lucas 12:32
Versículo relacionado: “En el día que temo, yo en ti confío.” Salmo 56:3
Cuando Jesús dice “no temáis”, no está hablando con personas emocionalmente invulnerables. En los versículos anteriores viene enseñando precisamente acerca de las preocupaciones relacionadas con las necesidades cotidianas. Sus discípulos eran seres humanos que podían sentir incertidumbre, preocupación y temor, igual que nosotros.
Esto es importante porque algunas personas han aprendido a interpretar cualquier miedo como evidencia de fracaso espiritual. Si sienten ansiedad piensan: “No estoy confiando suficientemente en Dios”. Si después de orar todavía están preocupadas, concluyen: “Mi oración no funcionó”. Y entonces terminan luchando contra dos cosas al mismo tiempo: la situación que originalmente les preocupaba y la culpa de sentirse preocupados.
Pero la Biblia nos permite una respuesta mucho más humana. El salmista no dice: “Como tengo fe, nunca temo”. Dice: “En el día que temo, yo en ti confío”. El temor aparece, pero no tiene que recibir la última palabra.
Con los años de ministerio he aprendido que la fe no siempre se ve como una seguridad extraordinaria. He visto personas atravesar situaciones muy difíciles sin tener todas las respuestas y, aun así, continuar acercándose a Dios. No porque nunca sintieran miedo, sino porque en medio del miedo seguían diciendo: “Señor, necesito de Ti”.
Puedes amar a Dios y sentir temor. Puedes creer y tener preguntas. Puedes conocer las promesas bíblicas y necesitar recordarlas nuevamente mañana. Puedes orar y descubrir que tus emociones tardan un poco más en alcanzar aquello que tu corazón está aprendiendo a creer.
Por eso no necesitas comenzar este día peleando contigo mismo. Comienza reconociendo lo que ocurre: “Señor, tengo miedo, pero aquí estoy.”
A veces esa oración sencilla contiene más fe de la que imaginamos, porque en lugar de alejarnos de Dios debido a lo que sentimos, elegimos acercarnos a Él precisamente desde allí.
Punto 2: “Manada pequeña”: No tienes que aparentar fortaleza
Versículo clave: “No temáis, manada pequeña…” Lucas 12:32
Versículo relacionado: “Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen.” Salmo 103:13
Hay algo que siempre me ha conmovido en la manera en que Jesús habla en este pasaje: “manada pequeña”. No es el lenguaje de alguien que desprecia la fragilidad de quienes lo escuchan. Hay cercanía y cuidado en esas palabras. Jesús conoce a Sus discípulos y no les exige aparentar que nada les preocupa antes de acercarse a Él.
Nosotros, en cambio, somos muy buenos aparentando.
Alguien nos pregunta: “¿Cómo estás?”, y respondemos automáticamente: “Bien, gracias a Dios”. Pero quizá llevamos varias noches durmiendo mal. Estamos preocupados por nuestros hijos, esperando un resultado médico, atravesando una crisis matrimonial o preguntándonos cómo pagaremos las cuentas del próximo mes.
Y podemos hacer exactamente lo mismo delante de Dios. Pensamos que nuestra oración debe sonar fuerte para que sea una oración de fe. Entonces pronunciamos frases correctas mientras escondemos aquello que realmente estamos sintiendo.
Pero Dios no necesita nuestra actuación.
Puedes sentarte delante de Él y decir: “Padre, hoy no me siento fuerte”. Puedes admitir: “Tengo miedo de lo que pueda ocurrir”. Incluso puedes decir: “Sé lo que dice Tu Palabra, pero hoy me cuesta descansar en ella”.
Esa sinceridad no sorprende a Dios. Él ya sabía cómo llegaste a estos 15 minutos.
Y quiero hacer aquí una distinción importante: acercarnos tal como estamos no significa que debamos permanecer indefinidamente gobernados por todo lo que sentimos. Jesús recibe a Sus discípulos con ternura y, precisamente desde allí, vuelve a orientar su mirada.
La gracia no nos exige estar fuertes antes de acercarnos. Nos permite acercarnos para seguir aprendiendo a confiar.
Quizá hoy no tienes una gran declaración que hacer. No importa. Una oración pequeña puede ser suficiente:
“Padre, aquí estoy. Ayúdame.”
Punto 3: Jesús dirige tu mirada hacia el Padre
Versículo clave: “No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino.” Lucas 12:32
Versículo relacionado: “Vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.” Mateo 6:32
Observa hacia dónde dirige Jesús la atención de Sus discípulos. No dice solamente: “Dejen de preocuparse”. Les recuerda: “vuestro Padre”.
Cuando sentimos ansiedad, nuestra atención puede estrecharse alrededor del problema. “¿Qué voy a hacer?”, “¿cómo voy a resolver esto?”, “¿qué ocurrirá si pierdo el trabajo?”, “¿y si el resultado médico no es el que espero?”, “¿qué pasará con mis hijos?”. Jesús no niega que existan necesidades reales. En Lucas 12 está hablando precisamente de ellas. Pero introduce una realidad que la preocupación puede hacernos olvidar: tenemos un Padre.
Esto tampoco significa que “daros el reino” sea una promesa de que recibiremos cada resultado material que deseamos. El reino de Dios es mucho más grande que una garantía de comodidad. Jesús está enseñando a Sus discípulos a vivir bajo el cuidado y gobierno del Padre, buscando Su reino en lugar de convertir la preocupación por las necesidades en el centro de su existencia.
Cuando la ansiedad nos invade, solemos mirar hacia dentro buscando suficientes fuerzas o hacia delante intentando descubrir cómo terminará todo. Jesús nos invita a mirar también hacia arriba: “Tienes un Padre.”
Quizá todavía no sabes cómo resolverás tu situación. Puede que tengas decisiones difíciles por delante. Tal vez necesitarás trabajar, reorganizar tus finanzas, acudir a una consulta médica, pedir consejo o mantener una conversación incómoda. La confianza en Dios no elimina esas responsabilidades.
Pero cambia el lugar desde donde las enfrentamos.
Ya no eres solamente una persona intentando sobrevivir sola al futuro.
Puedes decir: “Padre, esto es lo que me preocupa. Esto es lo que puedo hacer. Esto es lo que todavía no entiendo. Dame sabiduría para caminar”.
No necesitas conocer toda la respuesta para comenzar a confiar.
La mirada de Jesús no se queda fijada en el tamaño de tu fe; te lleva hacia la grandeza y el cuidado del Padre en quien has puesto esa fe.
Punto 4: No midas el amor de Dios por cómo te sientes hoy
Versículo clave: “Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia.” Jeremías 31:3
Versículo relacionado: “Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida… nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.” Romanos 8:38-39
Habrá días en los que te sentirás espiritualmente fuerte. Orarás y experimentarás tranquilidad. Leerás la Biblia y un pasaje parecerá hablar directamente a tu situación. Pero habrá otros días en los que quizá tu oración completa sea: “Dios, ayúdame”.
No conviertas tus emociones de hoy en una medida del amor de Dios.
El archivo insiste acertadamente en que la ansiedad no significa automáticamente que Dios se haya alejado, el temor no demuestra necesariamente que nuestra oración haya fracasado y un día difícil no borra todo lo que Dios ha estado haciendo en nuestra vida.
A veces esperamos sentir paz inmediatamente después de orar. Cerramos los ojos, entregamos una preocupación y, cuando veinte minutos después volvemos a sentir ansiedad, pensamos: “Algo hice mal”.
Pero la oración no es una fórmula para producir una emoción determinada.
Es una relación.
Esto cambia mucho nuestra manera de entender la vida espiritual. Si la oración fuera una técnica, evaluaríamos su éxito únicamente preguntándonos cómo nos sentimos después. Pero si es relación, podemos regresar a Dios aun cuando nuestras emociones todavía estén agitadas.
Puedes orar hoy y volver mañana con la misma preocupación.
Y pasado mañana.
No significa necesariamente que la oración anterior haya sido inútil. Quizá estás atravesando un proceso en el que necesitas recordar la misma verdad muchas veces.
Pensemos en una persona esperando los resultados de una biopsia. Puede orar sinceramente y continuar sintiendo temor mientras espera. Esa emoción no demuestra que Dios se alejó ni nos permite anticipar cuál será el resultado. Puede confiar en Dios, acudir responsablemente a sus médicos, hablar con su familia y reconocer: “Tengo miedo”.
La fe no exige fingir serenidad.
También es importante recordar que, si la ansiedad es intensa, persistente o está interfiriendo significativamente con el sueño, las relaciones, el trabajo o la vida cotidiana, buscar ayuda profesional no contradice la confianza en Dios. Mañana hablaremos precisamente de eso.
Hoy quédate con esta verdad: no tienes que esconderte de Dios hasta sentirte fuerte.
Puedes volver a Él exactamente ahora.
Punto 5: Hoy solamente necesitas dar el siguiente paso
Versículo clave: “Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán.” Mateo 6:34
Versículo relacionado: “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.” Salmo 119:105
Tal vez aquello que te preocupa podría ocurrir dentro de seis meses, el próximo año o incluso dentro de diez años. Sin embargo, tu mente intenta cargarlo hoy. El quinto punto del estudio nos devuelve a una pregunta que hemos venido aprendiendo durante esta serie: “¿Qué necesito hacer hoy?”
Quizá necesitas hacer una llamada. Terminar una tarea. Hablar con alguien. Descansar. Pedir ayuda. Asistir a una cita. Orar. O simplemente continuar con aquello que tienes delante.
No necesitas respuestas para los próximos diez años para dar el siguiente paso.
Con los años he visto que algunas personas quedan paralizadas no porque no sepan qué hacer hoy, sino porque están intentando saber qué deberán hacer dentro de seis meses. Quieren estar seguras de que el paso de hoy resolverá toda la historia antes de atreverse a darlo.
Pero muchas veces Dios nos da luz para caminar, no un mapa detallado de todo nuestro futuro.
Piensa en algo concreto que te preocupa. En lugar de preguntarte “¿cómo voy a resolver todo esto?”, prueba otra pregunta: “¿Cuál es el siguiente paso responsable?”
Si estás preocupado por tus finanzas, quizá hoy sea revisar tus números. Si te preocupa tu salud, puede ser programar una consulta en lugar de pasar horas imaginando diagnósticos. Si existe una conversación pendiente, quizá sea acordar cuándo hablar. Si estás exhausto, el siguiente paso puede ser descansar.
Y si no existe nada útil que puedas hacer ahora, también puedes reconocerlo.
A veces el siguiente paso es simplemente esperar sin intentar fabricar una respuesta.
Cuando tu fe se sienta pequeña, tu oración tampoco necesita ser complicada:
“Señor, ayúdame con el día de hoy.”
Mañana volveremos a caminar.
Conclusión: Una fe que tiembla todavía puede acercarse a Dios
Quizá comenzaste este estudio pensando: “Mi fe es demasiado débil”. Pero vuelve a mirar Lucas 12:32. Jesús no dirige a Sus discípulos hacia la perfección de su propia fe. Los dirige hacia el Padre.
Por eso hoy no tienes que demostrar nada.
Puedes decir: “Señor, creo en Ti, pero tengo miedo”. “Confío en Ti, pero todavía tengo preguntas”. “Quiero caminar contigo, pero hoy necesito ayuda”.
Y puedes comenzar desde allí.
Quizá tu situación no cambió durante estos 15 minutos. Es posible que todavía tengas una conversación difícil, una decisión pendiente o una respuesta que esperar. Pero puedes salir de este momento recordando algo: no tienes que enfrentar todo tu futuro hoy.
Da el siguiente paso. Haz la próxima oración. Y mañana vuelve.
Un día a la vez.
Una oración a la vez.
15 minutos a la vez.
UNA PALABRA PARA TU CORAZÓN
Jesús no espera al otro lado de tu miedo diciéndote: “Cuando seas suficientemente fuerte, ven”. Él conoce tu fragilidad y te recuerda que tienes un Padre. Si hoy tu fe se siente pequeña, no la conviertas en motivo para alejarte. Acércate como estás. Una fe que tiembla todavía puede extender la mano hacia Dios.
Durante las próximas 24 horas, escribe Lucas 12:32 en una tarjeta, una hoja o en tu teléfono. Debajo escribe solamente una preocupación: “Hoy me preocupa…”. No escribas diez. Después completa esta frase: “Mi próximo paso es…”. Si existe algo concreto y responsable que puedas hacer, hazlo. Finalmente escribe: “Lo demás se lo presento a Dios”. Cuando la preocupación regrese, no pelees con ella ni te castigues porque volvió. Reconócela, vuelve a las palabras de Jesús y dirige nuevamente tu atención hacia el Padre.
Oración sugerida: “Señor, hoy mi fe no se siente tan fuerte como quisiera. Tengo preguntas y existen cosas que me preocupan. Gracias porque puedo acercarme a Ti sin fingir. Tú conoces lo que estoy viviendo y sabes exactamente qué me causa temor. Ayúdame a hacer responsablemente lo que me corresponde hoy y a presentarte aquello que está fuera de mis manos. Cuando mi mente quiera vivir en el mañana, ayúdame a regresar al día de hoy. Padre, pongo delante de Ti mi preocupación. Dame sabiduría para el próximo paso y acompáñame mientras camino. Amén.”
Preguntas para Reflexión :
- 1. ¿Alguna vez has interpretado tu ansiedad o tu temor como evidencia de que tienes poca fe? ¿Qué efecto ha producido esa idea en tu relación con Dios?
- 2. Cuando Jesús llama a Sus discípulos “manada pequeña”, ¿qué descubres acerca de la manera en que Él se acerca a personas que sienten temor?
- 3. ¿Estás intentando aparentar fortaleza delante de Dios o de otras personas cuando en realidad necesitas reconocer: “Tengo miedo y necesito ayuda”?
- 4. ¿Cuál es la preocupación concreta que necesitas presentar hoy delante de tu Padre, aunque todavía no sepas cómo se resolverá?
- 5. En lugar de intentar resolver mentalmente todo tu futuro, ¿cuál es el siguiente paso responsable que puedes dar hoy?